Lourdes, Fátima, Jasna Góra

A María se le pide en muchas lenguas, y las respuestas, si llegan, llegan con el clima del lugar. Lourdes es agua y piedra de montaña. Fátima es una plaza ancha y pálida y una luz atlántica dura. Jasna Góra es una colina, un velo y un himno que los polacos saben de memoria.

Ninguna de estas casas pertenece a Palomeya. Un peregrino va como huésped: enciende una vela, permanece en la Misa, deja los nombres y vuelve a la calle.

La gente llega con enfermedad, con gratitud, con vivos y difuntos en la misma línea. El rito es la hora que el santuario ya guarda. Palomeya no añade una ceremonia propia.

Si pides el camino mariano, pides tres llegadas. El peregrino no apresurará el velo del icono, ni la procesión de la tarde, ni el silencio después de la última vela.