Los nombres en la nota

La nota es sencilla. Vivos o difuntos, un puñado de nombres, a veces una frase de intención. No es un aviso público ni un registro parroquial.

Un peregrino de Palomeya escribe lo que enviaste y lleva el papel al santuario. La fotografía que luego ves es solo para ti. Otros visitantes de este sitio no leerán esos nombres.

Cada lugar recibe la nota a su modo: un cesto, un altar lateral, el silencio de una cripta. El peregrino sigue la costumbre de la casa y no inventa un rito.

Escribe los nombres como se dicen en casa. El viaje ya basta; el papel no necesita ser largo.